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“Paisaje experimental”, Antonio Murado, expresionismo abstracto, 1993 - Arte Contemporáneo

Firmada en Madrid, en el año 1993, esta obra de Antonio José Murado sintetiza los aspectos propios del expresionismo abstracto, corriente a la cual será afín el artista durante la década de los años noventa. Representa un paisaje tendente a la abstracción, en el que destaca el color verde, una tonalidad utilizada en gran medida por el pintor durante esa temporada. Renunciando a la materia, el artista dará lugar a unos trabajos caracterizados por la experimentación pictórica y el juego con la representación; desdibujando los límites entre el espacio pictórico y la imagen, con unos resultados sutiles y velados que rezuman ensoñación y romanticismo. 

Desde 1990, su producción se basa en obras de gran formato en las que se combina la figuración y el paisajismo, que cada vez tienden en mayor medida hacia la abstracción. Su obra se caracteriza por la experimentación pictórica, siendo frecuente el juego entre la abstracción y la figuración ya que, como el propio autor señala: «Siempre he pensado que no hay mucha diferencia entre lo abstracto y lo figurativo y no creo que esa sea una clasificación muy acertada para la pintura. Me parece que todo es abstracto y todo es figurativo. Mis nuevas pinturas, en concreto, son una mezcla de las dos cosas. El tema es abstracto y el tratamiento figurativo en el sentido de que no hay la representación de una realidad, sino la realización de una realidad. Nunca he deseado representar una imagen ya vista. En mi obra trato de plantear una investigación de espacio virtual…».

El arte abstracto se caracteriza por representar conceptos abstraídos de la realidad o independientes de lo reconocible por los sentidos, a través de la libertad, la irracionalidad y la diversidad de las formas, las líneas y los colores. Es un arte subjetivo que no representa de manera precisa o figurativa la realidad visual que percibe el ser humano. Surgió alrededor del 1900 y fue el eje del arte moderno que abarcó diversos movimientos artísticos, como el cubismo, el surrealismo y De Stijl. El arte abstracto permite generar diversas interpretaciones o puntos de vista según el receptor debido a que no busca alcanzar la perfección del trazo ni las composiciones verosímiles. Es considerado como un arte que alcanza otra dimensión de la moral y la espiritualidad, porque expresa emociones y sensaciones separadas de la lógica y la objetividad.

Antonio Murado se reconoce a sí mismo como perfeccionista y obsesivo en su trabajo, algo que delatan sus obras, y aunque se han escrito varios libros sobre él, para él personalmente, el mejor es el que ha escrito la historiadora del arte María de la Vega. Es fruto de muchas conversaciones entre ambos, por lo tanto, se trata de una obra muy personal.

Sin lugar a duda, Murado es uno de los pintores españoles con una mayor proyección internacional. Prueba de ello son las numerosas ocasiones en las que fue galardonado y el alcance obtenido por sus obras, muchas de ellas exhibidas en importantes espacios artísticos y galerías de Holanda, Bélgica, Australia, Portugal, Austria, Nueva Zelanda, Canadá, Sudamérica o Estados Unidos.

Biografía

Antonio José Murado López nace en 1964 en Lugo en una familia de artistas: su padre fue pintor y cineasta, su madre dibujante, y su hermano es escritor (Miguel Anxo Murado); por lo tanto, desde bien pequeño, desarrolla sus inquietudes artísticas. En 1985 muestra sus primeras colectivas y, tan solo dos años después, su primera individual, en la Galería Sargadelos de Santiago de Compostela.

Se licenció en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca en 1988. Obtuvo una beca para los Talleres de Arte Actual del Círculo de Bellas Artes de Madrid junto al artista Juan Navarro Baldeweg. En 1987 consiguió la beca Manuel Colmeiro de la Xunta de Galicia, tres años después la Beca Banesto y la Beca de creación artística Unión Fenosa en 1995. Gracias a sus logros, en 1996 pudo trasladarse a Nueva York y acceder a la Cooper Union School. Desde entonces, reside y trabaja en Nueva York, aunque antes de mudarse a Estados Unidos, inauguró en 1987 la sala de exposiciones Zú en Lugo, que durante dos años realizó exposiciones de jóvenes artistas españoles y austriacos de intercambio con la galería vienesa Cult. El grupo que Murado forma junto con los artistas Thomas Jocher, Michael Haas y Antonio Fernández González también recibe el mismo nombre, Zú.

Artista gallego afincado en Nueva York desde 1996, la obra de Antonio Murado está a medio camino entre la abstracción y la concepción clásica del paisaje, que busca no tanto reflejar la naturaleza como crear una nueva.

La figuración expresionista de sus inicios da paso, en la década de los noventa, a unos trabajos caracterizados por la experimentación pictórica y el juego con la representación; desdibuja los límites entre el espacio pictórico y la imagen, con unos resultados sutiles y velados que rezuman ensoñación y romanticismo. Habitual es el juego entre la figuración y la abstracción, pues en su opinión: “Todo es abstracto y figurativo a la vez”. En su pintura, generalmente de gran formato y con vocación serial, establece un sutil juego conceptual entre los medios y las ideas, y renuncia a la materia; él mismo afirma: “No me gusta nada la materia. El gran escenario de la pintura es una superficie plana que crea la ilusión del espacio”. Le atrae enormemente la transparencia de la pintura.

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Dimensiones: 65 x 65 x 2 cm. 

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